Freelance, ¿qué necesitas para trabajar en casa?

Trabajar en casa, ¿estamos mentalizados para hacerlo?

Como freelance/autónomo o teletrabajador, tener la oficina en casa resulta muy atractivo. Ahorrar tiempo y dinero en desplazamientos o no estar bajo la sombra del  jefe todo el día parecen motivos suficientes. Pero podemos incurrir en comportamientos perjudiciales que, en una empresa, el ambiente laboral o la disciplina corporativa impiden. ¿Qué precauciones debemos tomar?




 
Oficina en casa para teletrabajo o freelance
¿Cómo trabajas con la oficina en casa?

Suele mencionarse la soledad como el principal escollo, para muchos inasumible, de quienes realizan su actividad profesional en su propia casa, ya sea por cuenta propia o ajena. Sin embargo, hay otros aspectos que pueden incidir directamente tanto en la calidad del trabajo como en nuestra propia salud y bienestar cuando nuestro puesto de trabajo está en nuestra casa.

Porque no se trata sólo de que trabajemos como debemos, sino que también este trabajo no nos consuma, que no nos queme (“burnout”): los trabajadores por cuenta ajena no tienen la exclusiva del síndrome del “trabajador quemado”.

A continuación, voy a repasar estos aspectos que, en general, no se tienen en cuenta cuando alguien decide lanzarse a la aventura de trabajar en casa, ya sea por iniciativa propia como freelance/autónomo, o porque la empresa ha decidido dar esa oportunidad a sus trabajadores (aunque, en este caso, la empresa normalmente impone una serie de condiciones para contrarrestarlos).

 

  1. División del tiempo para el trabajo

Suele mencionarse la falta de horario fijo como la principal ventaja de trabajar en casa. Pero es un arma de doble fijo: al no tener un horario fijo, podemos caer en el espejismo de que tenemos todo el tiempo disponible… hasta que el lobo asoma la cabeza.

El teletrabajador, en nómina de una empresa, no se encontrará con este problema normalmente (pues la empresa le impondrá alguna disciplina), pero el freelance debe marcarse unos límites de tiempo mínimos y máximos de trabajo al día dentro de los que debe obligarse a trabajar, ni menos, ni más.


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  1. Respetar el tiempo asignado al trabajo

Trabajar en casa no significa “estar en casa”. Este punto afecta tanto quien trabaja en casa (“¡uy, tengo que pasear al perro!”) como a quienes conviven con él (“como estás en casa, ayúdame con…”). Desde mi punto de vista, este punto es de los más complicados de conseguir.

Para nosotros, porque en casa tenemos muchas tentaciones a nuestro alrededor.

Para nuestros familiares, porque alguien que no conozca esa experiencia necesita un tiempo para comprender que mientras trabajamos en casa no “estamos en casa”. En este caso, un buen símil sería plantearlo como una llamada telefónica al trabajo: si en vez de trabajar en casa, estuviéramos en una oficina, ¿nos llamarían a la oficina para decir/pedir eso mismo?

 

  1. Condiciones del puesto de trabajo

Se puede olvidar, por obvio, pero trabajar en casa significa que nuestro puesto de trabajo está en casa… Y si las empresas tienen condiciones bastante rigurosas para el puesto de trabajo, ¿por qué no nos la aplicamos en nuestras propias casas?

Estamos hablando de cuestiones como un espacio suficientemente iluminado y ventilado, una silla adaptada para las horas que estemos sentados, una mesa amplia para nuestros papeles y equipamiento informático… No solo nuestra salud acabará pagando nuestros deslices, sino que también repercutirá negativamente en los resultados de nuestro trabajo.

 

  1. Concentrarse en las tareas a realizar

En una oficina, rodeados por otros trabajadores y por la presencia de nuestros superiores, resulta relativamente fácil concentrarse en nuestras tareas. Pero en casa… ¡ay, amigo, en casa!

En casa tenemos todo lo necesario para NO concentrarnos en nuestra tarea y caer en la redes de la procrastinación: desde el enchufe pendiente de arreglar que parece llamarnos a gritos, hasta el último chismorreo de los vecinos en el patio de luces…

Para evitar distracciones, Pomodoro puede ser una herramienta muy efectiva. No, no me refiero a la pizzería, sino a la técnica Pomodoro 😉 Concretamente, su planteamiento de alternar tiempos de total concentración con tiempos de total desconexión. Pomodoro propone 25 y 5 minutos, respectivamente, pero podemos ajustar otros tiempos. Personalmente, he encontrado que, a partir de los 45-50 minutos, la concentración pierde intensidad, así que descanso 5-10 minutos y, cuando vuelvo, lo hago al 100%.

 

  1. Separar espacio del trabajo de espacio del hogar

La ventaja de trabajar en una oficina es que resulta muy fácil cambiar de chip: cuando entras por la puerta de la oficina, entras en modo trabajo; cuando sales, en modo vida propia. Cuando trabajas en casa, esto no puedes hacerlo: no hay una separación física entre “trabajo” y “hogar”.

Al compartir trabajo y hogar el mismo espacio físico, este “cambio de chip” debemos hacerlo en nuestra cabeza. Lo ideal sería disponer de un espacio propio y separado, un despacho, en que la puerta marque la frontera entre vida laboral y vida familiar, y solo trabajar ahí. Pero en caso de no poder tenerlo, debemos ser muy disciplinados para que “modo trabajo” y “modo vida propia” no interfieran entre sí.

 

  1. Hacer las tareas cuando tocan

Al no estar en nómina de una empresa y no formar parte de un equipo de trabajo, con un responsable que reparte las tareas, el trabajador en casa debe asumir la función de identificar las tareas a realizar, priorizarlas, ejecutarlas en plazo y ser flexible cuando sea necesario.

No es fácil… No solo por cuestión de organización sino, una vez más, por autodisciplina.

Esto es un poco como hacer un examen: ¿qué preguntas harías primero, las que te sabes bien o las que te sabes menos? ¿Las que valgan más puntos o menos? ¿Qué harías si te quedas atascado durante una respuesta? ¿Puedes dejar una respuesta a medias para continuarla después? ¿Cómo te prepararías para un tema del que no sabes casi nada?

 

  1. La soledad del corredor de fondo

No podía terminar sin mencionar el aspecto que, a casi todo el mundo, le pasa por la cabeza cuando le hablan de trabajar en casa: ¡estás siempre solo! (como si en una oficina estuvieras muy acompañado, pienso a veces). Pero no les falta parte de razón.

Para neutralizarlo, el freelance debe crear y mantener una red profesional a su alrededor, tanto con otros colegas de su misma profesión, como con otros sectores vinculados con su propia especialización. Redes sociales como Google+ o LinkedIn, o puntos de encuentro como MeetUp pueden mantener viva la llama en este sentido.

 

Habitualmente, al empezar a trabajar en casa sentimos cierta euforia y no somos conscientes de las dificultades que podemos encontrarnos, más allá de las propias relacionadas con nuestra actividad profesional en sí. Conocer y prepararnos para estas dificultades no sólo nos ayudarán a hacer mejor nuestro trabajo, sino que también influirá positivamente en nuestra vida personal.

 

Si eres trabajador por cuenta ajena, ¿darías el paso al teletrabajo? Si tu empresa tiene esa opción, ¿qué te detiene? ¿Qué necesitarías para hacerlo? Pero si ya trabajas en tu casa, ya sea como freelance o cuenta ajena, ¿con qué problemas te has encontrado para adaptarte a este entorno laboral tan especial? ¿Qué recomendaría a quien esté empezando?

Imágenes: freepix, freeimages, elaboración propia.

 

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Etiquetas: recomendaciones    teletrabajo
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Hay 4 comentarios acerca de:
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  • 29/01/2018 a las 20:02
    Enlace permanente

    Trabajar en casa y encima ser madre… es aún más difícil. Yo me marco tramos de vida de trabajo y tramos de vida doméstica. Desde las 9 a las 13,30 trabajo. Desde las 13,30 hasta las 15,30 madreo, cocino, como con mi hija mayor…. desde las 15,30 hasta las 16,45 vuelto a modo trabajo. Y por las tardes hago lo que puedo… jajaja.

    Eso si, cada 45 minutos descanso 10. Me lo tengo merecido!!

    No es fácil pero hay que diferenciar parcelas y dejarlas bien definidas. Y la autodisciplina es la clave.

    Responder
    • 30/01/2018 a las 12:05
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      Hola, Sandra:

      Gracias por comentar y dejar tu experiencia al respecto 🙂

      Creo que sigues una estrategia muy buena: establecerte una disciplina horaria y de actividades. Ese es uno de los riesgos de trabajar en casa, demasiadas “distracciones”, muy tentadoras, al alcance de la mano. Con los descansos, hago como tú, un descanso cada tramo de tiempo, aunque yo sigo la técnica Pomodoro, con 25 minutos de actividad y 5 de descanso. En mi caso, noto que a partir de los 30 minutos mi concentración no es la misma.

      ¡Un abrazo!

      Responder
  • 17/03/2018 a las 21:39
    Enlace permanente

    Tal vez, y lo admito, yo sea la rara avis.
    Llevo 6 años trabajando en casa y me fue muy fácil adaptarme a ello:

    – Soledad: en un centro de trabajo siempre hay alguien incordiando. En casa, si necesito concentración, apago el móvil. Además, cuando hago análisis o programo no quiero saber que existe el mundo.

    – Organización y disciplina: mis mejores horas para la parte intelectual de mi trabajo son entre las 6 y las 12 de la mañana y me gusta tener el cenicero y la jarra de café delante, repartir papeles por toda la pared, levantarme y observar el conjunto e insultar al ordenador…. En una oficina no puedo ser yo mismo.

    – convivencia: somos cinco en casa; mis padres, el perro, el gato y yo. Dos plantas y un jardín de 700 metros y una aldea casi deshabitada dan para que cada uno esté concentrado en sus cosas sin incordiar al resto. En la práctica, hasta cerca de la hora de comer nadie incordia a nadie. Por otra parte, la interacción con clientes, amigos, compañeros de proyecto, etc. es enormemente enriquecedora si está tasada a lo que sea necesario. Incluso el trabajo en equipo mejora mucho si las reuniones son para lo que deben ser: repartir el trabajo, evaluar, programar… y luego cada uno se va a su espacio vital para hacer su parte.

    – Rendimiento: Al trabajar con compañeros se suele perder mas del 75% del tiempo en ponerse de acuerdo en interminables reuniones, colaboraciones, … Cuando estás solo el trabajo cunde porque fluye sin distracciones ni continuas explicaciones a todo el que pasa por tu lado.

    – mi cliente actual está emperrado en meterme en su oficina durante los meses del proyecto. Sólo le he pedido estas tres cosas para hacer mi trabajo en su oficina: Cenicero, jarra de café aguado y silencio absoluto. Dice que no puede darme ninguna de las tres… ¡pues me quedo en casa!

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